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| Fotograma de la película animada "El viejo y el mar", realizada en óleo sobre cristal por Aleksandr Petrov |
El año pasa raudo y veloz por nuestras vidas; una vez
se les da la bienvenida con bombos y platillos, los recién estrenados 365 días
del nuevo ciclo solar se van tan rápido como el sueldo básico de la inmensa mayoría
de los colombianos. Febrero parece eterno para los ciudadanos de este país que
figura como uno de los que cuenta con mayor número de festivos, gracias a la
siempre bien recordada ley Emiliani –promulgada en 1983 por un eminente padre
de la patria con este apellido–, que traslada algunos festivos al lunes
siguiente. Pero apenas llega el día de San José y se avecina la Semana Santa,
las semanas cogen vuelo y los
acontecimientos empiezan a desfilar por los noticieros con la vertiginosidad de
una carrera ciclística de persecución individual o por equipos en pista. En un
abrir y cerrar de ojos el cliente en cuestión está planeando el paseo de mitad
de año y cuando llega el otro mes sin festivos la vaina va tan embalada que el
colombiano promedio se ve, de un momento a otro, apostándole a la candidata de
su terruño en el Reinado Nacional de la Belleza en Cartagena, tal vez el más
afrentoso derroche de lujo y dinero en una ciudad cuya población regular sufre
todas las necesidades imaginables.




