domingo, 15 de julio de 2012

Una hamburguesa, una Chopper y un milagro

"Ezekiel 25:17", Michael Kozlov

El verano en Bogotá ha terminado. Las noches están acompañadas de tormentas paramunas, con su eterna lluvia, agujas de hielo que penetran la piel, un frío polar que barre las calles y me hace pensar en la gente que duerme en ellas, en las prostitutas apostadas en el barrio Santa Fe con sus diminutas faldas y los gigantescos escotes por donde se cuelan el viento y las miradas. Pero es este clima al que mejor me adapto; los atardeceres grises, encapotados, me impulsan a recorrer las calles de sectores como Palermo, La Soledad, La Candelaria y me hacen irme lejos del presente, de la situación económica, de la corruptela generalizada que afecta hasta el campeonato rentado de fútbol profesional. Me largo para otras tierras, para otras épocas; el reflejo de las lámparas de tungsteno sobre el asfalto, húmedo y derruido, tiene el mismo efecto hipnótico que el strober en una discoteca. Me conecto al dispositivo y le pongo banda sonora al escape.

domingo, 8 de julio de 2012

Poeta como ningún otro, loco como todos

Bodegón típico de la región Sinú,
Lucho Jiménez

Corrían los mediados de los años noventa, yo apenas iniciaba mis estudios de literatura en la Universidad Javeriana en el sector de Barranco Colorado, ahora conocido como el barrio Cataluña, cuando me enteré por el noticiero del mediodía de su muerte. Se había ido bajo las ruedas de un bus de transporte urbano, quién sabe si voluntariamente o delirante en su viaje por este mundo que él vivía a través de sus versos, de los atardeceres sinuanos y de los sonidos de la música sabanera. No conocía aún la obra de este cartagenero de nacimiento y cereteano de crianza, enamoradizo con el entorno, pero sabía de su existencia pues los medios habían reparado en su indigencia y en la publicación de su primera antología como una noticia de gran audiencia… Así el grueso de la población no tuviese la más remota idea de quién era Raúl Gómez Jattin. Su muerte me dolió en un lugar que no supe, y no sé, ubicar. Me dolió hondo, lento, como esa inyección que le ponen en la espina a los operados, me sentí un poco huérfano de un familiar que no conocía hasta ese momento.

domingo, 1 de julio de 2012

De la burra al caballito de acero

"Un paseo en bicicleta", Aída Emart

Bogotá es un micro universo explayado en 775 kilómetros cuadrados, bordea los diez millones de habitantes y posee los más insospechados tesoros al interior de sus barrios. Comidas, salones para eventos (la muerte de las fiestas familiares), mercados populares donde las hortalizas, las frutas y las carnes están tan frescas que el mercante sale mareado con la barahúnda de olores. Carreras y calles donde pululan los comercios de cachivaches, porcelanas, platos, pocillos y ropa de toda marca, índole y precio. Pero hablo en estas líneas de las cosas que se descubren casi por casualidad en el vivir en una ciudad de estas dimensiones.

domingo, 24 de junio de 2012

¿Y esa vaina con qué se come?

"Sucre atardecer", Juan Carlos Díaz Méndez
En la mañana del sábado me desplazaba con mi hijo por las calles de un barrio cuya reputación es dudosa, el San Jorge Central; entre chiste y chanza resultamos hablando de la naturaleza violenta del ser humano, de la inclemente ola de violencia que ha forjado la historia de este país y, como en la divagación está el placer, resultamos hablando de migraciones, mutaciones y fusiones de la música. Colombia debe su riqueza musical no sólo a la inmensa variedad de ritmos y géneros que se dan en el territorio nacional, sino que debido a las migraciones como la colonización antioqueña y los desplazamientos forzados como a los que fue sometida la población sabanera de Sucre a causa de la Guerra de los Mil Días, las músicas se han trasladado, mezclado, nacido y muerto.

domingo, 17 de junio de 2012

Caicedo y Nereo, juntos en la capital

Acuarela del barrio La Candelaria de Bogotá,
por Tr3s Más

Recorrer el barrio de La Candelaria en esta época del año es especialmente agradable; verano en Bogotá no da tanto como para una canción como la recordada “Un verano en Nueva York” de la Universidad de la Salsa, El Gran Combo de Puerto Rico, pero sí para llenar de adjetivos y descripciones estas páginas. Los techos de teja de barro resplandecen con la luz del astro rey cayendo en perpendiculares, los edificios refulgen desde el oriente, enmarcados en el azul intensísimo de los cerros. Hasta hace unos años la capital era una ciudad gris, opaca, llena de edificios vetustos y, en términos generales, una ciudad poco amable. Pero de un tiempo para acá se ha convertido en un destino turístico obligado.