| Bodegón típico de la región Sinú, Lucho Jiménez |
Corrían los mediados de los años noventa, yo apenas
iniciaba mis estudios de literatura en la Universidad Javeriana en el sector de
Barranco Colorado, ahora conocido como el barrio Cataluña, cuando me enteré por
el noticiero del mediodía de su muerte. Se había ido bajo las ruedas de un bus
de transporte urbano, quién sabe si voluntariamente o delirante en su viaje por
este mundo que él vivía a través de sus versos, de los atardeceres sinuanos y
de los sonidos de la música sabanera. No conocía aún la obra de este
cartagenero de nacimiento y cereteano de crianza, enamoradizo con el entorno, pero
sabía de su existencia pues los medios habían reparado en su indigencia y en la
publicación de su primera antología como una noticia de gran audiencia… Así el
grueso de la población no tuviese la más remota idea de quién era Raúl Gómez
Jattin. Su muerte me dolió en un lugar que no supe, y no sé, ubicar. Me dolió
hondo, lento, como esa inyección que le ponen en la espina a los operados, me
sentí un poco huérfano de un familiar que no conocía hasta ese momento.



